La energía

En algunos escritos anteriores y de una forma indirecta me he referido al término energía. Al hablar del entusiasmo decía que es como una energía que nos llena, nos moviliza, nos activa y nos acelera, y al hablar del esfuerzo dije que es la utilización energética de la fuerza física o mental que necesitamos para lograr una determinada finalidad.

Actualmente en nuestra sociedad se habla, con frecuencia, del concepto energía, pero son pocas las personas que se detienen a considerar que significa dicha palabra, que proviene del griego energos y equivale a activo. Durante mucho tiempo sólo se la relacionaba con la física, pero en épocas más recientes ha entrado a formar parte también de otros campos como la psicología, la sociología e incluso la economía.

Algunas definiciones de energía que se pueden dar, en el contexto de las ciencias humanas, son: “La fortaleza y la vitalidad necesarias para mantener una actividad” ; “las actitudes físicas y mentales de las personas, aplicadas a una actividad concreta” ; “la fuerza vital que proviene de la consciencia humana y que hace que las personas pongan en marcha acciones y proyectos”

Podemos diferenciar cuatro tipos de energía: la física, la mental, la emocional y la espiritual, que están conectadas entre ellas. Al nacer no hay, entre las personas, diferencias significativas en su “nivel cuantitativo” de energía. De todas formas, con el paso del tiempo, cada uno de los cuatro tipos de energía puede afectar, en positivo o en negativo, a la evolución del nivel energético personal.

Algunos ejemplos:

– En cuanto al nivel físico todos sabemos que nuestro cuerpo necesita acceder diariamente a algunas fuentes de energía externa, como son la comida, el agua, la luz solar, el aire que respiramos… Si comemos muy poco o de forma excesiva nuestros niveles de energía bajan y tal como nos recomiendan los dietistas hemos de comer de forma saludable, alimentos naturales y con mesura, si no queremos que se produzcan estas reducciones.

– Respecto al nivel emocional, existe una determinada tipología de emociones, como son el miedo, la preocupación, la ira, la tristeza, etc. a las que llamamos negativas que producen un descenso en nuestro nivel de energía. Al contrario, la alegría, el amor, la comprensión, la serenidad, etc. son emociones positivas que nos hacen sentir más equilibrados y seguros y aumentan nuestro nivel energético.

– El nivel mental está muy influido por la experiencia que vamos acumulando a lo largo de nuestra vida. Los hábitos que hemos ido adquiriendo y especialmente nuestra propia actitud determinan que nuestros pensamientos puedan ser positivos, que son fuentes de bienestar y de crecimiento personal y nos proporcionan una energía elevada, o negativos, que son los que nos restan energía, nos hacen sentir cansados y debilitados y en casos extremos -está probado de forma científica- llegan a debilitar nuestro sistema inmunológico.

– La energía espiritual depende de nuestras creencias trascendentes, religiosas o místicas, que afectan al rincón más íntimo de nuestra personalidad. Aquí sólo indicar que cuando la persona se siente satisfecha y atraída por sus propias creencias, las practica y las difunde, su capacidad energética aumenta de forma considerable, cosa que no sucede en el caso contrario.

Una fuente de energía importante que también conviene mencionar  es la autoestima. El psicólogo Daniel Goleman señala en su conocida obra “Inteligencia Emocional” (1995) que la autoconsciencia, de la que forman parte tanto la autoconfianza como la autoestima, es determinante para que las personas se sientan bien con su situación, lo que hace que su nivel de energía aumente.

Las personas que tienen seguridad en si mismas, se gustan y disponen de suficiente autoconfianza, están en inmejorables condiciones para enfrentarse con los normales inconvenientes que van apareciendo en la vida y para conseguir los objetivos que se vayan fijando. También favorecen esta situación la capacidad de aprendizaje y el propio nivel intelectual. Cada vez que logran algún éxito, por pequeño que sea, sirve para reafirmar su propia autoestima y esto les hace entrar en una espiral positiva, que va marcando su personalidad de forma decisiva.

Al revés, en aquellas personas dudosas, miedosas, incapaces de valorarse en lo más mínimo, se produce el efecto contrario y fácilmente entran en la espiral negativa, que les va a pesar como una losa en su forma de ser.

Para aquellos que tanto en la vida laboral, como social y familiar sean responsables de otros, es muy conveniente que tengan cuidado y dediquen atención al nivel de autoestima de las personas que dependan de ellos. Es muy importante que se mantenga y aun mejor si va aumentando de forma continuada, ya que de esta forma su nivel de energía será el adecuado para impulsar su iniciativa, su creatividad y su desarrollo y crecimiento personal.

Jordi Esteller

Octubre 2013

Autoestima 2

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