La endogamia

Para aproximarnos al significado de la palabra “endogamia” no nos sirven de mucha ayuda ni los diccionarios tradicionales, ni el wikipedia, ni casi tampoco el google. La definición más frecuente que encontramos es “la unión, matrimonio o reproducción entre individuos de ascendencia común, o sea de la misma familia”.

Mi intención no es tratar sobre este significado, sino de otro que también tiene la palabra “endogamia”, bastante utilizado en las ciencias sociales i que se refiere al hecho de que las instituciones, las familias o las personas estén o vivan más o menos encerradas en ellas mismas.

En cuanto a las personas, todos conocemos gente que, producto de una rutina constante de muchos años, no es capaz de salir de su círculo casi “vicioso” de trabajo-casa-televisión… y poca cosa más. El lugar donde mejor se encuentran es su propia casa, salen poco y no suelen tener demasiadas relaciones sociales. No van de vacaciones y no les gusta viajar. Tienen pocos hobbies y los que tienen los hacen desde casa, son coleccionistas, etc.

Resumiendo, son personas que viven encerradas en sí mismas y rechazan casi todo lo que les llega del exterior. Es como si tuviesen todas sus “ventanas” cerradas.

En cuanto a las familias, podríamos decir que son en-dogámicas aquellos grupos de personas, parientes entre sí -también conocidos como “clanes”- que sólo se relacionan entre ellos y tienen pocos contactos con los que no son de su grupo o de su propia familia. Viven en su mundo, tienen sus paradigmas y sus creencias, en general de una fuerte rigidez. Recluidos en su interior, cuando han de incorporar un nuevo miembro, por ejemplo un futuro “yerno” o “nuera”, les cuesta mucho aceptarlos y más aún si se trata de personas de otra raza, nacionalidad o incluso idioma y a los recién llegados también les es muy difícil integrase y adaptarse a sus costumbres.

Este aislamiento voluntario provoca, tanto en las personas como en las familias descritas, un empobrecimiento “social” que sólo podrán evitar abriendo “ventanas” que permitan la entrada de más claridad y nueva luz desde fuera.

A nivel de instituciones, la que quizá recibe con más frecuencia el calificativo de “endogámica” es la universidad. El mundo académico tiene fama de auto-alimentarse él mismo con sus teorías, alejadas muchas veces del mundo real. A pesar de ello, últimamente se van notando algunos tímidos síntomas de que quieren abrirse más a las empresas y a la sociedad en general.

El mundo de la política tampoco se escapa de la endogamia y ello se evidencia especialmente cuando hay elecciones: los primeros de las listas de la mayoría de partidos siempre son los mismos. Es necesario que tengan un descalabro mayúsculo para que se abran a la renovación y se produzcan relevos.

En otras organizaciones, entre ellas las empresas, la endogamia puede llegar a ser un problema importante. En casos extremos puede suponer su certificado de defunción, una especie de suicidio, lento y que no molesta a nadie, pero que lleva a la desaparición. Cada vez resulta más conveniente que las personas que trabajan en ellas puedan alzar la cabeza y salir a ver que pasa en el exterior y como se respira en otros espacios y entornos.

Cuando las organizaciones se abren, se vuelven mas “diversas” y la aceptación de esta diversidad, entendida en el sentido más amplio posible, no es nada fácil. Se puede producir un sentimiento mezclado de miedo y rechazo, que transmite al interior de la propia organización unas vivencias que justifican una endogamia auto-alimentada para “seguir dentro”, sin mirar hacia fuera, pensando solamente en lo que nos pueden quitar, robar, copiar, etc.

Para evitar una cerrazón excesiva, los expertos recomiendan que en el núcleo directivo de las organizaciones, no haya una uniformización constante de ideas y criterios. Las unanimidades permanentes no son posibles y, si se dan, muchas veces no son sinceras. Con la diversidad será más complejo llegar a acuerdos para la toma de deci-siones, habrá contradicciones, tensiones y puntos de vista divergentes, pero la propia organización se nutrirá de una vitalidad y de un dinamismo que le darán más energía y la harán más potente.

De ninguna forma esta diversidad ha de suponer la pérdida de la propia cultura, normalmente basada en unos valores estables y coherentes que permiten mejorar el cono-cimiento y fidelizar los empleados, los clientes y los proveedores.

Conclusión: no hay que tener miedo de abrirse al exterior. En su “Alegoría de la caverna”, Platón ya nos lo dijo hace unos dos mil quinientos años. De los demás podemos aprender muchas cosas, sólo necesitamos modestia y humildad para reconocer que en algunas cosas ellos saben más que nosotros. Creerse hoy “el ombligo del mundo” está totalmente desfasado.

En los tres niveles, el de las personas, el de las familias y el de las instituciones, y como casi todo en la vida, hay que buscar de forma permanente el equilibrio y la combinación inteligente entre lo que conviene renovar y lo que no. Cuando lo logremos, este equilibrio nos llevará a la excelencia.

Noviembre 2011

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