La ecología emocional

Este concepto, relativamente nuevo en el campo del estudio del crecimiento personal, nació en el año 2003 y sus creadores, Mercè Conangla i Jaume Soler, lo definen como un paso más allá de la inteligencia emocional y explican que lo desarrollaron cuando se dieron cuenta que en nuestra sociedad sufrimos mucha más contaminación emocional que atmosférica.

Con la intención de acercarnos un poco al concepto, expondré las ideas básicas y principales, acompañados de algunos pequeños cuentos o anécdotas, que creo nos pueden ayudar a su comprensión.

“Dicen que había un viejo cacique de una tribu indígena, que estaba teniendo una charla con sus nietos acerca de la vida y les explicó:

una gran pelea está ocurriendo dentro de mí, una pelea entre dos lobos.

– uno de los lobos es maldad, temor, ira, celos, envidia, dolor, rencor, avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, mentira, orgullo, egolatría, competitividad y superioridad.

– el otro es bondad, valor, alegría, paz, esperanza, serenidad, humildad, dulzura, generosidad, ternura, benevolencia, amistad, empatía, verdad, compasión y amor.

– esta misma pelea está ocurriendo dentro de todos los seres humanos de la Tierra.

Los niños quedaron en silencio por un minuto y después uno de ellos preguntó a su abuelo:

¿y cuál de los dos lobos crees que ganará?

El viejo cacique respondió simplemente:

ganará el lobo que alimente”

En nuestro mundo emocional hay una lucha continua entre los dos lobos, que representan dos tendencias: la que nos empuja hacia la violencia y la destrucción y la que nos mueve a crear y a amar.

Nadie nace educado emocionalmente y este aprendizaje se puede hacer mejor o peor. Dependiendo del resultado, tendremos más o menos equilibrio interno y más o menos felicidad personal. Desde la infancia aprendemos a gestionar nuestras emociones a partir de las influencias y modelos que nos proporciona nuestro entorno. Poco a poco vamos construyendo unos hábitos, unos cimientos que determinarán si el edificio de nuestra vida emocional se levantará sólido y firme o lleno de desequilibrios.

La lucha entre los dos lobos generalmente nos provoca malestar y a menudo improvisamos y probamos todo tipo de soluciones. Algunas de ellas incluso hacen aumentar nuestro sufrimiento, aunque también a veces tenemos algún éxito y esto hace que entonces nos sintamos bien, ya que tenemos la percepción de que hemos encontrado la respuesta más ecológica e inteligente.

Podemos evitar nuestro sufrimiento ya que se debe en buena parte a una incorrecta gestión emocional. Como dice el cuento, “alimentar el lobo bueno” es una decisión que nos va a reportar armonía y equilibrio vital, pero al mismo tiempo nos requiere mucho esfuerzo, disciplina, perseverancia, voluntad y amor.

Hemos de saber si los cimientos iniciales se han colocado de forma correcta, o sea si nuestro aprendizaje emocional se ha hecho bien. En caso negativo nos podemos plantear, de adultos, hacer cambios y reformar o reestructurarlo a fondo. No es una tarea fácil, pero muchas personas lo consiguen. Sólo hace falta ponerlo en el nivel de la propia consciencia y proponérselo.

La ecología emocional es la forma de gestionar nuestros afectos (emociones y sentimientos) de tal forma que su energía promueva conductas que aumenten nuestro equilibrio personal, favorezcan el desarrollo de nuestra capacidad de adaptación, la mejora de nuestras relaciones interpersonales y el respeto y cuidado de nuestro entorno.

La respuesta desde la ecología emocional es fomentar un modelo humano más auto- dependiente, creativo, pacífico y amoroso, que se reflejará en la mejora del equilibrio, la serenidad y la armonía personal. Dos conceptos que están profundamente unidos a este planteamiento son: la responsabilidad y la consciencia del impacto emocional global.

Aunque no somos responsables de lo que sentimos, si que lo somos de lo que hacemos con lo que sentimos. La gestión incorrecta de nuestro clima emocional interno repercute directamente en el empeoramiento del clima emocional global. O sea que nuestra responsabilidad no afecta sólo a nuestro mundo interno sino que también afecta -y mucho- a nuestro entorno.

“Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras, cuida tus palabras porque se volverán acciones, cuida tus acciones porque se harán costumbre, cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter, cuida tu carácter porque formará tu destino y tu destino será tu vida. Mahatma Gandhi”

La ecología emocional hace un paralelismo entre la ecología y el mundo afectivo. Si no aprendemos a reciclar nuestras emociones nos pueden pasar dos cosas: o contaminamos nuestro interior con residuos emocionales tóxicos o ensuciamos nuestras relaciones con fugas cargadas de dioxinas.

Hemos de ser conscientes que cada vez que escogemos una conducta y pasamos a la acción, ponemos una pieza más en el fundamento de nuestro mundo interno, bien en el sentido del equilibrio o del desequilibrio.

Imaginemos una situación en la que en uno de los extremos hay una represión emocional total, el bloqueo y la negación del sentir. Al otro extremo hay la incontinencia afectiva, la explosión, la impulsividad más absoluta.

En el centro encontramos la expresión de nuestras emociones, teniendo en cuenta aquellos principios ya formulados por Aristóteles hace unos dos mil cuatrocientos años:

“Expresar nuestro sentir, sí, pero a la persona adecuada, en el momento adecuado, con el propósito justo y de la forma correcta

El equilibrio lo conseguiremos aprendiendo a caminar por este “centro”, lo que llamamos el autocontrol emocional, que no hay que confundir nunca con la represión.

El autocontrol es una competencia que nos permite gestionar de una forma inteligente nuestros afectos, con un cuidadoso trabajo del eje: mente-emoción-acción, mientras que la represión es la contención, generalmente obligada o impuesta de un impulso o afecto.

Cuanta más coherencia haya entre nuestros pensamien-tos, nuestros sentimientos y nuestras acciones, más equi-librio y bienestar habrá en nuestra vida.

La libertad de expresar nuestros sentimientos ha de ir siempre unida a la responsabilidad sobre el impacto que tendrá nuestro comportamiento sobre nosotros mismos, los demás y nuestro entorno.

Cuando esta libertad se ejerce de forma emocionalmente ecológica, aumenta nuestra propia armonía. De esta forma aprendemos a no contaminar emocionalmente a la primera persona que pase por nuestro lado, echándole encima una “basura emocional” que no ha generado.

El marco correcto sería: nosotros decidimos cuando, donde, de que forma y con quien mostramos lo que sentimos, ya que es esencial tener siempre el control y el timón de nuestra energía emocional. Y cuando llegue este momento en que decidimos expresar nuestro enfado,  nuestra ira y/o nuestras objeciones a la persona adecuada, lo haremos siempre desde la asertividad y el respeto.

El “porque” expresamos lo que sentimos también es importante, ya que la energía más ecológica, más positiva es la que proviene del deseo de mejora y no del deseo de venganza.

Algunos principios de la ecología emocional son:

– toda la energía emocional que no invertimos en crear, la dirigimos a destruir

– nosotros elegimos entre ser parte de la solución o parte del problema

– lo que somos nosotros: esto es el mundo

Las reservas naturales del planeta son espacios necesarios para mantener el equilibrio ecológico. Son aquellos lugares especiales que nos permiten contemplar y valorar la belleza de la vida en su estado más puro. Todos necesitamos disponer de un entorno donde sea posible desarrollar aquellos sentimientos y valores, especialmente frágiles.

Especies únicas como el amor, el agradecimiento, la amistad, la generosidad, la compasión, la confianza, la serenidad o la ternura solamente pueden vivir y crecer en zonas libres de la contaminación y devastación externa. Somos responsables de crear este medio adecuado donde se permita la existencia de estas especies emocionales en peligro de extinción. Para poder mantener nuestro equilibrio hemos de abandonar las relaciones destructivas y los espacios contaminados.

Alimentar el lobo es abrirse a la bondad, a la verdad, a la belleza y al amor.

Una anécdota final: “la música está en nuestro interior”. A menudo nos quejamos de que “no hemos tenido suerte…, la vida ha sido injusta con nosotros…, no hemos tenido suficientes recursos para ser felices…”  Acostumbramos a buscar el motivo de nuestra falta de equilibrio fuera de nosotros en lugar de mirar a nuestro interior.

“Nicolo Paganini es considerado como uno de los más grandes violinistas de todos los tiempos. Se cuenta que en cierta ocasión se dispuso a actuar en un gran teatro lleno de público que le recibió con una gran ovación. Cuando levantó el arco para empezar a tocar su violín, se dio cuenta, consternado, de que no era el suyo. Para un músico como él, esto era inaudito y se sintió muy angustiado sin su querido violín. No obstante, comprendió que no tenía otra alternativa que iniciar el concierto y empezó a tocar. Se cuenta que ese fue el mejor concierto de su vida. Una vez terminada la actuación y ya en su camerino, Paganini, hablando con otro músico compañero suyo, le hizo la siguiente reflexión:

Hoy he aprendido la lección más importante de toda mi carrera. Hasta hace escasos momentos, creí que la música estaba en el violín, pero me he dado cuenta de que la música está en mi y que el violín sólo es el instrumento por el cual mis melodías llegan a los demás”

Es en nuestro interior donde está la “música”, la clave del equilibrio o del desequilibrio, la semilla de la creación o de la destrucción. Todos tenemos la posibilidad y la responsabilidad de aportar nuestra melodía a esta sinfonía común, que es la humanidad.

Nosotros elegimos: ¿equilibrio o desequilibrio? ¡Sólo depende de nosotros!

JORDI ESTELLER

Diciembre 2012

 

14               15               16

This post is also available in: Catalán

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *