La empatía

1 aVoy a tratar de explicar el significado de “empatía”. En el lenguaje coloquial es una palabra que se utiliza cada vez más, pero de la que existe un gran desconocimiento. Refiriéndose a ella,  es frecuente oír frases como “meterse en los zapatos del otro”, “ponerse dentro de su piel”, “ver a través de los cristales de los demás”, todo lo cual es cierto. Mi intención es contar “algo más” sobre ello.

 La empatía es una habilidad, propia del ser humano, que nos permite comprender, reconocer y apreciar los sentimientos de otras personas. Es la capacidad que hace que entendamos los pensamientos y las emociones ajenas, sus motivaciones y las razones de su comportamiento y que, poniéndonos en el lugar de los demás, compartamos sus sentimientos.

La empatía es de vital importancia para que exista una buena comunicación. Algunas personas la confunden con “simpatía”, cuando en realidad la empatía tiene un proceso mental mucho más elaborado. La simpatía es la inclinación afectiva entre personas y que generalmente, cuando se produce, es mutua, mientras que lo contrario, la antipatía, se puede definir como un sentimiento de aversión hacia otra persona.

El proceder con empatía no significa ni mucho menos estar de acuerdo con la otra persona, ni tampoco implica dejar de lado las opiniones y convicciones que tengamos para asumir como propias las del otro. Es más, se puede estar en completo desacuerdo con alguien, sin que por ello dejemos de ser empáticos, aceptando como legítimas las motivaciones y la posición de los demás, todo ello en un marco de profundo respeto y cordialidad.

La empatía es algo así como nuestro “radar social”, el cual nos permite navegar con acierto alrededor de nuestras relaciones personales más próximas. Se da en todas las personas en mayor o menor grado y no se trata de un don especial con el que nacemos, sino de una cualidad que podemos desarrollar y potenciar.

Por diversas razones hay personas que tienen mucha capacidad empática y sin embargo otras, poseen enormes dificultades para entenderse con la gente y ponerse en su lugar. En general cada uno de nosotros sabemos como son las personas de nuestro entorno y de forma más o menos consciente somos selectivos y cuando en la vida se nos plantea alguna cuestión importante, que queremos compartir con alguien, elegimos con preferencia a aquellas personas que sabemos nos van a escuchar, que intentarán comprendernos y si les pedimos su punto de vista, nos lo darán, sin tratar de convencernos de nada.

En cambio, no confiamos en las personas no empáticas. ¿Como las reconocemos?  Son fáciles de distinguir y de hecho las conocemos porque son aquellas que se esfuerzan en contarnos sus vivencias, con extensión de detalles, hablan mucho más que escuchan y casi nunca te preguntan por tus cosas. Se les pasa el tiempo explicándonos las suyas.

Algunas veces hemos podido preguntarnos por qué hay gente próxima que no busca apoyo en nosotros, no nos tienen suficiente confianza o se retraen a la hora de hablarnos de sus sentimientos.

Existen una serie de barreras que suelen impedir este acercamiento. Entre los errores que solemos cometer con más frecuencia a la hora de relacionarnos con los demás, están la tendencia a quitarle importancia a lo que le preocupa al otro e intentar ridiculizar sus sentimientos (no exageres, no será para tanto); escuchar con prejuicios y procurar que nuestras ideas y creencias influyan a la hora de interpretar lo que les ocurre; valorar y juzgar, acudiendo a frases del tipo “lo que has hecho no está bien”, “de esta forma no vas a conseguir nada”; sentir compasión (que pena me das); ponerse como ejemplo por haber pasado por las mismas experiencias (a mi ya me pasó, que vas a contarme a mi)

Todo esto, lo único que hace es bloquear la comunicación e impedir que se produzca una buena relación de empatía. Las personas que están excesivamente pendientes de sí mismas tienen más dificultades para pensar en los demás y les cuesta mucho asumir su situación. Por lo tanto, para el desarrollo de la empatía tendríamos que ser capaces de “salir” de nosotros mismos e intentar “entrar” en el mundo del otro.

En cuanto a las actitudes a tener en cuenta para desarrollar la empatía destacan: escuchar con la mente abierta y sin prejuicios; prestar atención y demostrar interés por lo que nos están contando (no es suficiente saber lo que el otro siente, sino que tenemos que demostrárselo); no interrumpir mientras nos están hablando; mostrarse abiertos y flexibles a todas las ideas; evitar convertirnos en un experto que se dedica a dar consejos en lugar de intentar comprender los sentimientos del otro.

Ser empático es simplemente ser capaz de entender emocionalmente a los demás, lo cual es la clave del éxito en las relaciones interpersonales.

Gracias por llegar hasta aquí, si este escrito ha servido para hacer reflexionar a una sola persona, ya me sentiré satisfecho: habrá valido la pena hacerlo.

Jordi Esteller

Marzo 2011

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