El esfuerzo – 1

El esfuerzo es la utilización enérgica de la fuerza física o mental que necesitamos para conseguir un determinado objetivo. Es aquello que nos ayuda a lograr el fin que nos proponemos y a vencer las resistencias y a superar los obstáculos que nos vamos encontrando por el camino.

El esfuerzo nace gracias al deseo, que es el impulso interno que le da sentido. No obstante, no todos los deseos desencadenan o justifican el esfuerzo. Sólo cuando somos capaces de priorizarlos y de asumir su factibilidad, es cuando ponemos toda nuestra energía vital y entonces tenemos posibilidades de que se hagan realidad.

Vivir es esforzarse. Las personas no somos más que el resultado de nuestro esfuerzo. Cada uno de nosotros somos conocidos por lo que hemos hecho, a base de esforzarnos, y gracias a esto vamos marcando nuestra trayectoria y diseñando nuestra propia vida. Son los esfuerzos que hacemos los que nos hacen singulares y nos configuran un determinado carácter.

Pero vivir también es elegir y decidir libremente en qué vale la pena esforzarse. Si nos preguntamos: ¿que merece nuestro esfuerzo? obtendremos tantas respuestas diferentes como personas a quien preguntamos. El deseo, el interés o la atracción por una u otra cuestión, que son los factores que nos mueven a la acción, pertenecen a la interioridad de cada persona.

Lo contrario del esfuerzo es la pereza, una opción personal y voluntaria que nos impide realizar nuestros proyectos. La pereza es la cómoda instalación en el bienestar, la incapacidad que algunas personas tienen de ponerse en marcha, esperando siempre que sean los demás quienes actúen.

El perezoso es aquel que no encuentra motivación para nada y prefiere seguir con su actitud de pasividad continuada. ¿Puede solventarse esta situación?  Sólo si se toma consciencia plena de la propia posición en  la vida, la persona será capaz de alejarse de la pereza y estará en condiciones de lograr los objetivos que se proponga.

El esfuerzo es lucha, una lucha tenaz y continua, y supone una tensión, un desgaste, un trabajo físico o psíquico que agota. También es sufrir y sacrificarse, pero deja siempre en las personas un pósito interno muy positivo.

El fruto del esfuerzo es la satisfacción. La satisfacción es una explosión de bienestar interior, que tiene su origen en la experiencia interna. Es una alegría que surge de dentro e irradia hacia fuera, es el resultado de una conquista, de la consecuencia subjetiva de la culminación de un objetivo. Esta alegría, que vale la pena sentir y justifica sobradamente el esfuerzo hecho, no viene motivada por el elogio externo ni depende de la aprobación o del reconocimiento de los demás, sino que nace del interior de uno mismo.

A veces pensamos que hay esfuerzos inútiles, especialmente cuando hemos dedicado energía y tiempo a proyectos que después descubrimos que no han tenido para nosotros el valor que suponíamos. Entonces podemos sentir cierta decepción e incluso amargura. Pero la realidad es que no hay esfuerzos inútiles ya que el esfuerzo hecho suele tener siempre efectos positivos en el futuro. Lo define muy bien un antiguo y acertado refrán castellano, que dice: “Dios no se queda con el sudor de nadie”.

Para los grandes proyectos no es suficiente con el esfuerzo individual, es necesario trabajar junto con los demás, en equipo. En el argot “casteller”, para que el “anxaneta” (niño) llegue a lo más alto de la torre humana, es imprescindible tener una buena base, un gran equilibrio y fe en todos los participantes. Esto no es nada sencillo, pero hay personas que con su capacidad de asumir esfuerzos, son capaces de entusiasmar y empujar a los demás con su ejemplo constante. Estas personas merecen toda clase de elogios y son muy valoradas para liderar equipos, ya que obtienen buenos resultados y hacen que sea más fácil lograr éxitos, cosa que no está al alcance de todo el mundo.

Desde hace un tiempo, en nuestra sociedad se observa una cierta pérdida de este valor y se dice que es muy conveniente recuperar lo que se conoce como la “cultura del esfuerzo”. Para educar a los jóvenes inculcándoles esta cultura, hay que empezar muy pronto, de pequeños, y es una tarea tanto de la familia como de la escuela. Trataré de ello en una segunda parte de este artículo.

Para terminar, una reflexión: si algún lector cree pertenecer al grupo de personas que le cuesta encontrar motivaciones en su vida y es de los que se limitan a ir pasando el tiempo, quemando los días, uno a uno, como el que espera desencantado que pase el último tren, quizá sea el momento de hacerse un cierto replanteamiento de su “hoja de ruta”. Simplemente decirle: ¡se puede conseguir!  La vida está llena de oportunidades y vale la pena vivirla con la máxima intensidad.

JORDI ESTELLER

Abril 2013

18                             19                            20

 

El Mahatma Gandhi dijo: “nuestra recompensa se encuentra más en el esfuerzo hecho que no en el resultado obtenido. Un esfuerzo total es una victoria completa”

 

 

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