El equilibrio

Equilibrio es una palabra que utilizamos con frecuencia para referirnos a diversos conceptos o temas muy diferenciados entre ellos. Se usa en ingeniería, física, química, biología,  economía,  política,  ecología y también en el estudio del ser humano, tanto en su vertiente fisiológica como en la psicológica.

Me referiré hoy al equilibrio interno de las personas. Todos conocemos algunas de las que decimos son extremadas, radicales, bruscas o desequilibradas y otras que contrariamente, decimos son tranquilas, pausadas, moderadas y controladas. ¿Por qué estas diferencias?

Las tensiones que sufrimos y las emociones con que reaccionamos son los generadores de desequilibrio más importantes en  nuestra vida. La primera tensión nos aparece al nacer: de una situación donde nos encontrábamos bien y de forma confortable, de repente, nos sacan de allí, cortan el cordón umbilical y nos hemos de enfrentar con un nuevo entorno que de entrada nos incomoda y nos molesta. Curiosamente en este proceso ya se produce una primera diferencia: hay niños y niñas que se adaptan de forma rápida y fácil y en cambio, hay otros que les cuesta mucho recuperar este primer equilibrio perdido.

El tema de las emociones es crucial para comprender la conducta humana. Ante un hecho o situación en concreto, las personas tenemos una particular percepción y hacemos una interpretación fundamentada en los conocimientos, valores y juicios propios de cada uno. De acuerdo con esta percepción e interpretación, que suelen ser diferentes según las personas, aparecen las emociones, que integran afectos y sentimientos y son las que impulsan y provocan las acciones y los comportamientos o conductas con los que reaccionamos.

Esta forma de reaccionar, añadida a los estados de ánimo que podemos tener en cada momento, explica las importantes diferencias que existen entre nosotros.

A pesar de que no es posible hacer un listado con todas las emociones que experimentamos, las principales que nos afectan son: el miedo, la ira, la tristeza, el placer y el amor. Hay otras, como el disgusto, la sorpresa, la vergüenza, etc. que no se consideran tan prioritarias como las primeras. Sólo a título de ejemplo, para dar a entender la extensión y amplitud del concepto y sus graduaciones, una emoción como la ira que desarrollamos normalmente cuando un obstáculo se interpone en nuestro objetivo, puede convertirse en rabia, ésta en rencor, después en resen-timiento y finalmente en odio, sentimiento destructivo y contaminante en las relaciones personales.

El desequilibrio genera una profunda insatisfacción tanto en uno mismo como en las personas de nuestro entorno. Gestionar nuestras emociones de forma correcta nos acercará al equilibrio. No es sencillo, ya que el mundo emocional es como una “caja negra” que muchas veces no sabemos descifrar todo lo que contiene.

Algunas recomendaciones para mejorar esta gestión pasan por lograr un elevado grado de autonomía y madurez personal, tanto en las relaciones afectivas como en las laborales, así como tener un buen nivel de auto-estima (valorarse uno mismo de forma correcta). Nada de esto es fácil, pero deberíamos ser conscientes que conviene dar a casa cosa su justa importancia, teniendo en cuenta el entorno y disponer de buenas dosis de sensatez, mesura y ecuanimidad.

Un elemento que también nos ayuda es tener un buen “diálogo interno”. Es bueno auto-preguntarnos con frecuencia sobre el “por qué” de nuestras acciones, actitudes, objetivos, etc. Cuanto más grado de auto-conocimiento tengamos, mejor. Viene a ser como si en nuestro ordenador interno tuviéramos una base de datos formada por todas las ideas, experiencias, decisiones, emociones, conocimientos, afectos, sentimientos y creencias que hemos ido acumulando desde nuestra infancia, donde pudiéramos hacer consultas cuando nos convenga.

Esto será determinante para gestionar mejor nuestras emociones y poder vivir en un nivel más elevado de equilibrio, alcanzando un estado de tranquilidad y seguridad que todos, de una u otra forma buscamos, y al que llamamos “ser feliz”.

También es conveniente conocer que este nivel de equilibrio no se correlaciona ni con tener una inteligencia brillante ni unos conocimientos elevados. En 1995, Goleman publicó su libro “Inteligencia Emocional”, donde quedó claro que unos coeficientes intelectuales muy altos no garantizan en absoluto niveles aceptables de equilibrio interno. Simplemente Goleman demostró que son temas diferentes.

Si con este modesto escrito alguno de los lectores profundiza un poco más en su diálogo interno para poder mejorar su nivel de equilibrio y la convivencia con los demás, habrá valido la pena hacerlo.

JORDI ESTELLER

Febrero 2012

8 Equilibri

 

 

Una vez acompañé a un amigo a comprar el periódico a su quiosco habitual. Mi amigo saludó de forma amable al quiosquero y le pidió el periódico. El quiosquero se lo dio de mala manera y de forma brusca y también gruñó porque al pagar no le dio el importe exacto. No obstante, mi amigo le dio las gracias y le deseó un buen fin de semana. 

– Extrañado, le pregunté a mi amigo: este quiosquero ¿es siempre tan maleducado?

– Sí, me respondió, es su forma habitual de comportarse.

– Entonces, ¿por qué eres tan amable con una persona así?

– Muy fácil, me contestó, porque no quiero que sea él quien decida como me he de comportar yo.

This post is also available in: Catalán

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *