El eclecticismo

Se entiende por eclecticismo el procedimiento que consiste en seleccionar algunos principios o conceptos de diferentes doctrinas filosóficas, políticas, sociales o religiosas y mezclarlas o conjuntarlas en una nueva doctrina, buscando una combinación armónica entre los elementos elegidos de cada una de las diversas ideas, que aunque aparentemente tengan posiciones contrapuestas, se cree que pueden ser concordantes en algunos aspectos.

El origen de la palabra proviene del griego, “eklegein”, que significa elegir. Desde el punto de vista histórico, el inicio de este método se encuentra a partir del siglo II antes de Cristo, como una forma de sintetizar los descubrimientos de la filosofía clásica anterior a Sócrates.

En la dialéctica ecléctica hay unos elementos que siempre están presentes: la oposición al radicalismo y al dogmatismo, en nombre de la tolerancia y el consenso. Una de sus características más importantes es la moderación constante, incluso respecto a su propia identidad.

No deja de ser una forma de actuar y de juzgar que adopta posturas intermedias, intentando encontrar soluciones que eviten los extremos opuestos.

Resumiendo, es un método de trabajo que procura la conciliación de ideas y opiniones de sistemas diferentes y hasta opuestos, con el objetivo de conseguir una síntesis equilibrada entre ellas, para beneficiarse de lo mejor de cada una, a criterio del autor.

Una vez descrito o definido el concepto, vamos a ver donde encontramos su aplicación en los tiempos actuales. En primer lugar, lo vemos reflejado con frecuencia en la política, lo cual no deja de ser lógico ya que en su base más profunda, lo que intenta la política, en general, es plasmar en la sociedad determinados pensamientos filosóficos, de diversas tendencias. De todas formas no podemos obviar que la prioridad hoy está en la economía y en cómo poner en práctica y mantener una buena gestión que permita a la colectividad tener las máximas cotas de bienestar social.

En el campo de la política y especialmente cuando nos referimos a “terceras vías”, es cuando aparece el eclecticismo en su versión más auténtica. Tanto “derechas” como “izquierdas” tienen sus terceras vías, que alguien ha diseñado, de forma práctica, para encontrar posiciones más moderadas. Parece como si se quisiera ir a la conquista del “centro”, probablemente porque allí es donde hay más votos.

A pesar de esto, algunos críticos de las terceras vías son muy contrarios a la “idea centro”, ya que defienden, y no sin razón, que no hay que renunciar (tanto) al propio contenido, a la esencia del pensamiento, a la ortodoxia o al dogma. Su temor filosófico es que al final se pueda llegar al “centro de nada”.

Como no deja de ser una aplicación del pensamiento humano, el eclecticismo está presente en las manifestaciones del comportamiento. Se dice que una persona es ecléctica cuando tiene muy interiorizada la práctica de la “negociación permanente”. Entre diferentes puntos de vista siempre busca una solución para unificar y agrupar voluntades y criterios, aunque muchas veces estén alejadas entre si.

Esta condición, que es positiva y permite avanzar y pro-gresar en el nivel de las relaciones personales y sociales, tiene un coste elevado: renunciar a una parte de la esencia de las propias convicciones;  y este coste no todo el mundo está dispuesto ni preparado para asumirlo. Es por esta razón que el número de personas con esta tendencia no es demasiado numeroso.

El eclecticismo puede llegar a representar la síntesis o la suma de los pensamientos individuales, de los que habrá que eliminar las posiciones más extremas. Sin duda nos aproximará a la “verdad”, entendida como concepto puro, teórico y también desconocido.

Este tipo de personas, las eclécticas, son muy útiles para las organizaciones y comunidades, ya que son las que, sin dejar contentos a casi nadie, hacen que “todo funcione, que todo vaya bien, o marche de una forma aceptable”. Suponen un cierto engrase para que los mecanismos o engranajes de la compleja maquinaria social no chirríen en exceso.

Se dice que el eclecticismo puede tener mucho futuro y puede representar una potente herramienta de pragmatismo y de moderación para superar antiguos paradigmas muy presentes en nuestra sociedad, de una forma suave y sin violentar demasiado a nadie.

Sin duda nos tocará vivir en un tiempo no muy lejano, cambios, convulsiones, incertidumbres que ahora nos cuesta imaginar. Son muchas las personas que creen que la actual crisis social que estamos sufriendo y que sin duda afecta mucho a la economía, y por tanto, a las personas y a su forma de vivir, es por encima de todo una crisis de valores.

Uno de los dos sistemas social-políticos que teníamos (el comunismo), hace ya unos veinte años que podemos considerarlo prácticamente desaparecido. Simplificando mucho se puede decir que basado en la igualdad, se olvidó de la libertad.

El otro sistema, el que ha subsistido y que tenemos hoy (el capitalismo), basado en la libertad, se ha olvidado de la igualdad. Sin ser demasiado conscientes de ello, hemos ido substituyendo poco a poco conceptos como la solidaridad y la justicia por las “leyes del mercado”.

Y esto no funciona y por tanto este sistema habrá que cambiarlo. No podemos ser tan estúpidos de mantenerlo durante mucho tiempo cuando sabemos que para la inmensa mayoría de personas del planeta, no funciona.

¿Qué mejor que buscar soluciones eclécticas al tema? Pienso que será la única forma que habrá para ir avanzando y progresando, sin caer en los muchos inconvenientes que tiene asociados la conocida “ley del péndulo”

JORDI ESTELLER

Febrero 2013

 

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