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La esperanza

Es un sentimiento que expresa la confianza que tenemos en conseguir algún objetivo que deseamos firmemente. También es esperar y confiar en que suceda aquello que deseamos y que consideramos favorable para nosotros.  Hemos de contemplar dos aspectos bien diferenciados: la esperanza activa y la esperanza pasiva. La esperanza activa se da cuando las personas ponemos en marcha iniciativas y acciones para lograr nuestros fines y confiamos en resolver por los propios medios la problemática planteada, a pesar de que ésta afecte también a terceras personas. Esta confianza actúa de estímulo y aporta mucha fuerza y tranquilidad. Desde esta perspectiva es un estado de ánimo y un convencimiento personal, mediante los cuales creemos que aquello que deseamos o pretendemos es posible de obtener con la aportación de nuestro esfuerzo y se da cuando tenemos la creencia firme de que lo vamos a conseguir. Significa tener un aliciente para seguir luchando, sin bajar los brazos. Es una forma de sentirnos vivos, esperando activamente que alguna cosa suceda y sin darnos por vencidos pensando que aquello que nos interesa no llegará nunca. Este aliciente es vital para evitar que aparezca el desánimo, uno de los frenos más importantes de la voluntad. La esperanza es una emoción que nos transforma y nos inyecta vida. Una luz potente que permite proyectarnos hacia un futuro mejor. Nos conecta a la constancia y al esfuerzo y nos ayuda a no rendirnos ante las dificultades y retos que la vida nos presenta. A pesar de sus múltiples significados positivos, la esperanza también tiene otras connotaciones diferentes. En su vertiente pasiva, es un concepto más parecido a la fe asociada a la inevitabilidad del destino, en estar convencidos de que todo es fruto del azar o en la creencia de que las cosas que hayan de pasar, igualmente pasaran, sin necesidad de que hayamos de intervenir. Para comprobar el contraste entre las dos vertientes expuestas, veamos dos citas de personajes importantes en el estudio del pensamiento humano: Aristòteles ve la versión activa cuando dice “la esperanza es el sueño del hombre despierto” y el filósofo del negativismo Friedrick Nietzsche cree en la visión pasiva cuando manifiesta “la esperanza es el peor de todos los males, ya que solo prolonga el tormento de las personas” ””” En la ciudad de El Cairo un grupo de personas llevaban un buen rato esperando un autobús para ir al aeropuerto. Todos iban a Assuan, al sur del país. En el grupo había cuatro occidentales, que intranquilos preguntaban a las personas del país si sabían qué pasaba. Éstos sólo se limitaban a responder “Alá es grande” Después de hacer algunas gestiones con el teléfono móvil, localizaron un taxi que los llevó al aeropuerto y pudieron tomar el vuelo previsto. Los egipcios tuvieron que viajar al día siguiente. Y es que Alá (o cualquier otra divina providencia) no puede estar en todos los pequeños detalles. Delega estas situaciones en nosotros para que nos apañemos y nos busquemos la vida””” La esperanza no puede substituir nuestra acción. Una cosa es tener esperanza y otra muy diferente es esperar y esperar sin hacer nada. Esta “falsa esperanza” es peligrosa y puede conducir a las personas a la mediocridad o a ir deambulando por la vida sin rumbo, a la deriva de forma permanente. La esperanza actúa como un detonante. Es uno de los sentimientos más positivos y constructivos que tenemos las personas y cuando está presente se desencadena en nuestro interior un deseo de luchar...
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La energía

En algunos escritos anteriores y de una forma indirecta me he referido al término energía. Al hablar del entusiasmo decía que es como una energía que nos llena, nos moviliza, nos activa y nos acelera, y al hablar del esfuerzo dije que es la utilización energética de la fuerza física o mental que necesitamos para lograr una determinada finalidad. Actualmente en nuestra sociedad se habla, con frecuencia, del concepto energía, pero son pocas las personas que se detienen a considerar que significa dicha palabra, que proviene del griego energos y equivale a activo. Durante mucho tiempo sólo se la relacionaba con la física, pero en épocas más recientes ha entrado a formar parte también de otros campos como la psicología, la sociología e incluso la economía. Algunas definiciones de energía que se pueden dar, en el contexto de las ciencias humanas, son: “La fortaleza y la vitalidad necesarias para mantener una actividad” ; “las actitudes físicas y mentales de las personas, aplicadas a una actividad concreta” ; “la fuerza vital que proviene de la consciencia humana y que hace que las personas pongan en marcha acciones y proyectos” Podemos diferenciar cuatro tipos de energía: la física, la mental, la emocional y la espiritual, que están conectadas entre ellas. Al nacer no hay, entre las personas, diferencias significativas en su “nivel cuantitativo” de energía. De todas formas, con el paso del tiempo, cada uno de los cuatro tipos de energía puede afectar, en positivo o en negativo, a la evolución del nivel energético personal. Algunos ejemplos: – En cuanto al nivel físico todos sabemos que nuestro cuerpo necesita acceder diariamente a algunas fuentes de energía externa, como son la comida, el agua, la luz solar, el aire que respiramos… Si comemos muy poco o de forma excesiva nuestros niveles de energía bajan y tal como nos recomiendan los dietistas hemos de comer de forma saludable, alimentos naturales y con mesura, si no queremos que se produzcan estas reducciones. – Respecto al nivel emocional, existe una determinada tipología de emociones, como son el miedo, la preocupación, la ira, la tristeza, etc. a las que llamamos negativas que producen un descenso en nuestro nivel de energía. Al contrario, la alegría, el amor, la comprensión, la serenidad, etc. son emociones positivas que nos hacen sentir más equilibrados y seguros y aumentan nuestro nivel energético. – El nivel mental está muy influido por la experiencia que vamos acumulando a lo largo de nuestra vida. Los hábitos que hemos ido adquiriendo y especialmente nuestra propia actitud determinan que nuestros pensamientos puedan ser positivos, que son fuentes de bienestar y de crecimiento personal y nos proporcionan una energía elevada, o negativos, que son los que nos restan energía, nos hacen sentir cansados y debilitados y en casos extremos -está probado de forma científica- llegan a debilitar nuestro sistema inmunológico. – La energía espiritual depende de nuestras creencias trascendentes, religiosas o místicas, que afectan al rincón más íntimo de nuestra personalidad. Aquí sólo indicar que cuando la persona se siente satisfecha y atraída por sus propias creencias, las practica y las difunde, su capacidad energética aumenta de forma considerable, cosa que no sucede en el caso contrario. Una fuente de energía importante que también conviene mencionar  es la autoestima. El psicólogo Daniel Goleman señala en su conocida obra “Inteligencia Emocional” (1995) que la autoconsciencia, de la que forman parte tanto la autoconfianza como la autoestima, es determinante para que las personas se sientan bien con su situación,...
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Ser feliz o tener razón

Eran las ocho y media de la noche en una concurrida avenida de una gran ciudad. En el interior de un coche, una pareja se dirige a casa de unos amigos para cenar. Van con un cierto retraso y no conocen bien el camino. Al no tener GPS en el coche, ella antes de salir de casa ha consultado un pequeño mapa y conoce más o menos la ruta a seguir. Él va conduciendo y ella le va orientando. Al llegar a una rotonda, ella le indica que gire hacia la izquierda, pero el dice, muy seguro, que es hacia la derecha. Discuten un momento, pero ella rápidamente se calla. Él decide girar hacia la derecha y a los pocos minutos se da cuenta que se ha equivocado. Refunfuñando, admite que ha tomado el camino erróneo e intenta volver hacia atrás, cosa que no resulta nada fácil dado el atasco de tráfico que hay. Ella, en silencio, le tranquiliza con una sonrisa de camaradería. Una vez llegan a la casa, se disculpan por el retraso y tanto la cena como el encuentro resultaron muy agradables, amenos y divertidos. Ya de vuelta, él comenta: si estabas segura de que me equivocaba, ¿cómo es que no me has insistido más para que fuera por donde tú decías? Ella le responde: Mira, íbamos muy justos de tiempo, el tráfico era intenso y nuestros ánimos se estaban calentando. Si hubiese insistido más, el riesgo de tener una discusión agria y fuerte, era muy alto. Muy probablemente nos hubiéramos estropeado la noche, y la verdad es que entre tener razón y ser feliz, prefiero ser feliz. Esta historia la explicó una directora de RRHH de una gran empresa, que acabó la conferencia resaltando el hecho, importante, de la gran cantidad de energía que gastamos o consumimos para intentar demostrar a los demás que tenemos razón, independientemente de que la tengamos o no. Porque en el fondo, ¿quién no tiene razón? Todos tenemos “nuestra” razón y sólo el tiempo nos hará saber si de verdad la teníamos o no. Desde entonces, me pregunto con más frecuencia: ¿Quiero ser feliz o tener razón? Jordi Esteller Mayo...
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Notas sobre Inteligencia Emocional

La gran mayoría de los profesionales tienen muy interiorizada y desarrollada la importancia del coeficiente intelectual. Pero, ni aún siendo “el más listo de la clase”, el éxito está asegurado. La clave es ser emocionalmente inteligente. Sin un desarrollo óptimo de las emociones, una persona puede tener una mente incisiva y analítica y ser fuente inagotable de ideas, pero nunca llegará a ser un gran líder de éxito. Según Goleman, el coeficiente intelectual de una persona tan sólo explica el 10% de su éxito profesional, el 90% restante tiene su origen en las virtudes emocionales. La Inteligencia Emocional viene a ser una forma de ser más “listo”, ya que el modo de relacionarnos con uno mismo y con los demás influirá más decisivamente en nuestro éxito, que los propios conocimientos. La teoría de Goleman se fundamenta en 5 pilares básicos: 1.  Autoconsciencia 2.  Autorregulación 3.  Motivación 4.  Empatía 5.  Habilidades sociales Los tres primeros los podemos agrupar bajo el título de “Competencia personal” y los otros dos “pilares básicos” los podemos agrupar bajo el título de “Competencia social” El marco de la competencia emocional Competencia personal. Estas competencias determinan el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos. 1.  Consciencia de uno mismo (Autoconsciencia)  Ser consciente de nuestros propios estados internos, recursos e intuiciones. a)Conciencia emocional: Reconocer las propias emociones y sus efectos (consciencia emocional) b)Valoración adecuada de uno mismo: Conocer las propias fortalezas y debilidades y saber en todo momento lo que se puede hacer bien y en que conviene mejorar. c)  Confianza en uno mismo: Seguridad en la valoración que hacemos sobre nosotros mismos y sobre nuestras capacidades. 2)  Autorregulación Control de nuestros estados, impulsos y recursos internos a)  Autocontrol: Capacidad de manejar adecuadamente las emociones y los impulsos conflictivos. – El autocontrol es esencial, ya que sólo los que controlan sus sentimientos e impulsos son capaces de crear un ambiente de confianza y honestidad dentro de la organización.             – Autocontrol no significa contener las emociones, sino controlar los sentimientos que nos impulsan a tomar decisiones de las que luego nos podemos arrepentir. b)  Confiabilidad: Fidelidad al criterio de sinceridad e integridad. c)  Integridad: Asumir la responsabilidad de nuestra actuación personal. d)  Adaptabilidad: Flexibilidad para afrontar los cambios e)  Innovación: Sentirse cómodo y abierto ante las nuevas ideas, enfoques e información. 3)  Motivación Las tendencias emocionales que guían o facilitan el logro de nuestros objetivos. a)     Motivación de logro: Esforzarse por mejorar o satisfacer un determinado criterio de excelencia.             – Los empleados más valiosos son quienes se sienten motivados por el simple placer de conseguir los objetivos fijados.       – Sólo las personas con motivación buscan retos creativos. b)  Compromiso: Secundar los objetivos de un grupo u organización c)  Iniciativa: Prontitud para actuar cuando se presenta la ocasión. d)  Optimismo: Persistencia en la consecución de los objetivos a pesar de los obstáculos y los contratiempos. Competencia social. Estas competencias determinan el modo en que nos relacionamos con los demás. 4)  Empatía       Consciencia de los sentimientos, necesidades y preocupaciones ajenas. a)  Comprensión de los demás: Es la capacidad de captar los sentimientos y los puntos de vista de otras personas e interesarnos activamente por las cosas que les preocupan. b)  Orientación hacia el servicio: Anticiparse, reconocer y satisfacer las necesidades de los demás (clientes). c)  Aprovechamiento de la diversidad: Aprovechar las oportunidades que nos brindan diferentes tipos de personas. d)  Consciencia política: Capacidad de darse cuenta de las corrientes emocionales y de las relaciones de...
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Presentación de la letra E

Siempre me ha gustado escribir y nunca había tenido el tiempo suficiente para hacerlo con una cierta tranquilidad y serenidad. Cuando empecé a jubilarme (lo estoy haciendo de una forma suave, larga y progresiva) mi intención fue dedicar a la escritura una buena parte del tiempo que pensaba iba a tener libre. La primera pregunta fue: ¿sobre que escribir? Inicialmente tenía en la mente diversas ideas, bastante dispersas y poco a poco me fui inclinando por escribir sobre temas o conceptos de los que tuviera suficientes conocimientos y experiencia como para poder aportar a alguien, alguna idea nueva de la que pudiera obtener algún provecho. La intención fue escribir artículos cortos, divulgativos, al alcance de todo el mundo, sobre temáticas psicológicas y que hicieran referencia, más o menos directamente, al comportamiento humano. Aparte de reflejar mi forma de pensar, el objetivo de fondo de todos los escritos ha sido plantear ideas o sugerencias que, sin dar consejos, pudieran mejorar aspectos de la vida de las personas. El modesto libro “La letra E” contiene los siguientes diez primeros artículos: La Empatía La Exageración La Endogamia El Equilibrio La Excelencia El Entusiasmo La Ecología Emocional El Eclecticismo El Esfuerzo – 1 El Esfuerzo – 2 Unos han sido publicados en alguna revista y otros, no. Alguno ha tenido más suerte y me consta que se utiliza como material formativo en algunas grandes empresas. Todos tienen cosas en común, una de ellas -la principal- es la temática, como ya se ha dicho, y otra -la secundaria- es que todos los artículos empiezan con la letra “e”. La verdad es que la idea principal no contemplaba esta característica, sino que surgió posteriormente. Una vez escrito el primero (sobre la empatía), quería trabajar el tema de la endogamia, pero apareció una cierta necesidad de escribir antes sobre la exageración. O sea que de golpe tuve entre las manos tres conceptos que empezaban con la letra “e” y un día decidí hacer una auto-tormenta de cerebros, o sea conmigo mismo, y la conclusión que obtuve fue que el tema daba bastante de sí y que podía tener una cierta continuidad. También he de confesar que con la letra “e” siempre he tenido una fuerte y especial relación de amor. ¡Me gusta la letra “e”!  Y es que en mi apellido tengo 3. Para dar más claridad a las exposiciones o para poner ejemplos más ilustrativos, no he dudado en los momentos que he creído era necesario, hacer un “copiar-pegar” de otros textos, tanto de pensadores actuales como anteriores, en especial de los griegos i de los romanos por los que tengo una especial predilección. Una idea que aparece en algunos de los artículos y que repito ahora es que si sólo “una” persona encuentra algún motivo para pensar o reflexionar sobre su vida o se plantea hacer en ella algún cambio, ya habrá valido la pena el trabajo hecho. JORDI ESTELLER Agradecimiento y dedicatoria Ha colaborado en este trabajo, el equipo familiar más cercano que tengo: Neus, Anna, Gemma y Dani. El primer vistazo a los escritos siempre lo da Neus, ella es la que pasa el primer “cepillo”, ortográfico y de comprensión. Desde el punto de vista técnico la opinión de Anna es del todo imprescindible, la forma de comunicar y la coherencia interna de los textos. A Gemma le toca la gramática, buscando las mejores formas de expresión de las ideas y a Dani le corresponde resolver las peleas que con frecuencia tengo...
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El esfuerzo – 2

El esfuerzo es uno de los valores más positivos de toda sociedad. Una colectividad humana donde muchas personas se esfuerzan y tienen iniciativas y entusiasmo para “hacer cosas” seguro que progresará de una forma importante. Actualmente se dice que en nuestro tejido social se está notando una cierta pérdida de este valor y se oyen voces en el sentido de que es necesario recuperar lo que se conoce como la “cultura del esfuerzo”. Esforzarse no está hoy en día demasiado bien visto y son muchas las personas que procuran conseguir las cosas sin “sudar demasiado”. Si no encuentran algún motivo importante para ponerse en marcha, prefieren quedarse quietos. No hacer nada les resulta agradable: estar echados encima de la hierba en una tarde de primavera o sentados en un banco de un parque, mientras los demás corren de un lado para otro, apresurados por su trabajo, no deja de tener, para ellos, su encanto. Una de las razones, entre otras, de esta pérdida del valor social de esforzarse es la educación excesivamente permisiva que se ha ido instalando en bastantes de nuestras escuelas y familias desde hace unos años. Esta permisividad conduce al descanso, a la inactividad, ya que si se puede elegir entre hacer y no hacer, se tiende de entrada y por ahorro energético, a no hacer nada o a hacer muy poco. A pesar de esto, el esfuerzo no es antagónico a pasarlo bien. Aquí interviene la didáctica, que los maestros, cuando pueden, utilizan para que una cosa aburrida y que requiere esfuerzo se convierta en divertida y atractiva de hacer. Sin negar el valor educativo que tiene el juego, no podemos caer en el mito vigente en la educación actual por el cual se dice que los fines se consiguen de una manera lúdica, distraída y alegre. La realidad de la vida es que todo cuesta mucho esfuerzo y esto es necesario hacerlo entender. El gran reto de hoy es hacer atractivo el esfuerzo. Esto no resulta nada fácil y los maestros y los padres se sienten, muy a menudo, impotentes. Quieren hacer entender que en la vida no se regala nada y que es necesario “dar el callo” para obtener algún provecho, pero no acaban de encontrar las estrategias ni los mecanismos oportunos para trasmitir e inculcar este valor tan poderoso y esencial. En educación, tanto la coacción como el chantaje, son malas consejeras. No obstante, a veces es el único recurso que queda, ya que parece que sólo si se amenaza o se exige a cambio de favores, los niños reaccionan y se esfuerzan. En el fondo, esta manera de potenciar el esfuerzo no es la adecuada, porque no se hace por sí mismo, responsablemente, sino sólo por la “zanahoria”. Quien se acostumbra a actuar movido sólo por finalidades externas no integra de forma correcta el auténtico valor del esfuerzo. A nivel social, hemos de hacer una profunda autocrítica: nos extraña que los jovencitos no se esfuercen, pero es que en muchos casos se lo encuentran todo hecho. Antes de quejarse o pedir alguna cosa, ya les hemos dado lo que quieren. No experimentan la dificultad y saben que, pase lo que pase, todo seguirá su curso habitual. Si les hemos colocado dentro de un globo de confort y comodidad, ¿por qué se han de esforzar? El filósofo Francesc Torralba señala que un valor educativo de primera magnitud es la contrariedad, una de las pocas herramientas que existen para contrarrestar, cuando la hay,...